Isabel Quer se ha dedicado al campo desde los 18 años y lleva más de 20 reviviendo el ciclo natural de estas plantas. “Aquí vivimos en contacto diario con la naturaleza y por eso, la entendemos y la queremos”

Autora: Cristina Garcia

Isabel Quer lleva toda la vida dedicada al campo. Se pone bien temprano, apenas cuando sale el sol, y lo hace con su padre. Apacible, con una sonrisa a los labios, el frío del mes de diciembre en Vila-rodona, en el Alt Camp, no le roba la energía. Ama lo que hace y se le nota. Son más de cuatro generaciones familiares dedicadas a la viña y trabajando la tierra. Su bisabuelo, Salvador, fue uno de los fundadores de la cooperativa de Vila-rodona, y el abuelo Anselm también dedicó toda la vida a la agricultura. Lo lleva a la sangre.

Su padre, Salvador, es quien le ha hecho llegar el legado de un oficio que ha sido capaz de adaptarse a los tiempos actuales a pesar de las dificultades que han ido surgiendo en el camino. Hoy, Isabel y su padre hacen esta tarea con podadoras eléctricas que agilizan esta operación que prepara la viña para que vuelva a brotar con fuerza, al inicio de la primavera.

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Poda en Castell d’Or

Isabel y Salvador trabajan codo a codo, y dedican más de ocho horas diarias. Firmes y ágiles, dicen que son personas de pocas palabras, pero sus manos son las que hablan de todo su conocimiento sobre como tener cura de cada cepa. Con la poda adecuada de cada variedad, se limita el crecimiento natural de la cepa y, como consecuencia, se mejora la calidad de la uva y también su rendimiento.

Ahora podarán las viñas de la variedad temprana de Chardonnay, que dará lugar a los vinos que comercializará después Castell d’Or por todo el mundo. La uva que nacerá de estas cepas es pequeña y el grano es menudo y esférico. Esta es una de las variedades perfectas para hacer cavas con crianza, por su buena sintonía con las botas de roble. El fruto de las cepas que hoy poda Isabel, dará lugar a vinos o cavas con notas florales y vegetales que, si han tenido crianza, nos deleitarán con aromas a bollería muy agradables y densidad al paladar.

Más de veinte años dedicada a la viña
Isabel Quer se ha dedicado al campo desde los 18 años y lleva más de 20 reviviendo el ciclo natural de estas plantas. “Aquí vivimos en contacto diario con la naturaleza y por eso, lo entendemos y lo amamos”. La tranquilidad reina en el ambiente cuando apenas despunta el sol. En diciembre, la cepa pierde las hojas y, el frío induce la planta en un estado de reposo y actividad latente. Un letargo que se extenderá hasta el mes de febrero.

Cuando conversamos sobre el hecho de ser mujer en el mundo agrícola y cooperativo, ella asegura que el hecho de ser mujer, “no ha influido en el trabajo que hago”, dice encogiéndose de hombros. “Soy hija única y siempre lo he hecho”, explica con humildad pero también con orgullo. Toda la extensión que logran nuestros ojos, son viñas que Isabel y Salvador tienen que podar las próximas semanas. El ciclo de la viña continúa y también el legado de su familia, el amor por la tierra y la pasión por el vino, lo recoge ahora su hijo que también estudia enología en la universidad.

Más de 2.200 familias dedicadas a la agricultura

Isabel forma parte de las más de 2.200 familias que elaboran el vino de Castell d’Or. Las bodegas de Castell d’Or, con una historia centenaria, apuestan para unir sus esfuerzos y conocimientos en los procesos de producción, elaboración, envasado y distribución de vinos, cava y óleos elevando el estándar de calidad de sus productos hasta obtener el reconocimiento y el prestigio en todo el mundo de sus marcas. Los productos de Castell d’Or se pueden adquirir en las tiendas especializadas así como a través de la tienda on-line www.castelldor.com.